Vacaciones

No digas que agotado su tesoro,

de asuntos falta enmudeció la lira.

Podrá no haber poetas en el mundo

pero siempre habrá poesía.

Don Gustavo Adolfo Bécquer nos dejó en su legado estos hermosos versos, que yo ahora mismo utilizo para deciros que aunque no aparezco muy a menudo por aquí, sigo en la brecha. Eso si, tomándome mi tiempo, como si de unas vacaciones se tratara.

A la vuelta más asuntos de y para la lira. Lo prometo.

Arde Portugal

ARDE PORTUGAL.

Arde sin límite la vida

como si fuera madera reseca,

el rayo, indiferente, la castiga

y tras su paso va dejando

un marcado rastro de tristeza.

Nadie prende la hoguera

y sin embargo, con fuerza la avivan

sentimientos de aguda vergüenza,

atizada tal vez por la culpa

sin que nadie pueda detenerla.

Y va devorando monstruosa, ciega,

sin respetar vidas ni esperanzas,

aquí quemando los campos,

allá, gente dentro de sus casas

inútiles víctimas atrapadas.

Arde sin límite de tiempo

dejando a su paso la tierra enlutada

de ese gris ceniciento, que perdura

tras el paso violento del fuego

cuando no queda nada.

                           20/06/2017

Las cartas.

Hace unos días en una conversación en casa, salió el tema de las cartas. De repente nos pusimos a recordar nuestra infancia, en la que recibir una carta era toda una aventura. Aquellos sobres con la dirección correctamente manuscrita; aquellas letras que eran reconocibles aún antes de leer el remitente. ¡Qué belleza perdida!

Si se recibía una carta de tierras lejanas, venía con una cenefa a color,  bordeando el sobre y un letrero que decía “air mail”. Eso sí que era una carta interesante aunque su contenido solo estuviera lleno de formalidades al uso.

Escribir cartas era un arte. En el colegio donde me educaron, uno de los ejercicios de redacción era escribir una carta familiar y periódicamente se repetía el ejercicio, de modo que podías mantener una correspondencia ficticia con alguien a quien tú tenías en especial aprecio.

Existían unas fórmulas de encabezamiento y despedida prácticamente inamovibles que la sociedad utilizaba inexcusablemente y que daban a la carta un toque de educada moderación en cuanto al trato para con el destinatario. Había incluso libros editados con formularios de cartas de todo tipo, para aquellas personas que no teniendo instrucción suficiente, querían quedar bien.

La carta era el instrumento de comunicación más extendido en aquellos tiempos en que la telefonía estaba en mantillas y apenas si se usaba el telégrafo, tan solo para temas urgentes y oficiales y por quienes se lo podían permitir.

Aquellos que no sabían leer ni escribir, tenían que acudir a alguien de confianza para que les leyera la correspondencia y la contestara lo antes posible, ya que el servicio era lento entre provincias y no digamos ya entre naciones e incluso continentes. De esto sabían mucho nuestros mayores. La de angustias que ha llevado y traído la letra escrita en esos sobres a través de inmensas distancias.

Yo tuve una colección de postales en aquella época, que seguramente irían a parar a la basura en alguna de las limpiezas periódicas o mudanzas de entonces. Eran hermosas en su colorido, sus paisajes, sus sellos e incluso por la letra de quienes las enviaban, con todo cariño desde un lejano punto.

Hoy día todo es más fácil aparentemente. Ayer estuvimos hablando por un moderno método que nos permite vernos y ver nuestro entorno mientras lo hacemos, algo que dejaría asombrados a aquellos que solo conocieron los inicios de la televisión. Incluso a mis padres les parecería cosa de encantamiento, y sin embargo estarían tan felices como yo de poder utilizarlo para hablar, para ver a los seres queridos.

Si es cierto que las nuevas tecnologías nos acercan más, no es menos cierto que a causa de ellas hemos perdido ese otro contacto visual, a través de la letra manuscrita, que también nos daba una visión general de aquel que escribía. No tan buena como la actual, pero si con una belleza inigualable que hablaba entre líneas de cariño, de educación, de añoranza… en fin, de todo lo que hoy, por tenerlo tan presente apenas si presentimos, aun sabiendo que está ahí.

 

De nuevo por aquí.

Hola de nuevo. Desde que el pasado día 23 terminé de comentar el viaje a China, apenas si me he acordado de volver a revisar el blog y por ese motivo no hay nada en él.

Con la cantidad de cosas que han sucedido estos días, daría para llenar muchas páginas, pero desgraciadamente el tema de moda es la intolerancia y a ello hay que referirse.

Ya no les llega con poner bombas, no les llega con lanzar un camión, un coche, cualquier objeto contra una multitud y causar una mortandad sin motivo. Ahora se dedican a acuchillar, a golpear con un martillo a tranquilos ciudadanos que se solazan en las calles.

Hasta eso hemos llegado. Esta nueva forma de anarquía, disfrazada de fervor religioso está invadiendo poco a poco nuestras vidas para causarnos miedo. Sencillamente miedo. Porque con la población atemorizada se puede hacer cualquier cosa y ellos lo saben.

Nadie tiene la culpa de esos incontrolados que actúan de esa manera. ¿O sí? Dicen que son fanáticos dirigidos a distancia por un califato terrorista y que actúan solos, con sus propios medios, a pecho descubierto. Han vuelto a utilizar la violencia una vez más, tal como lo hacían nuestros antepasados: a cuchillo y piedra.

Yo me pregunto qué puede llevar a un ser humano a atacar a otro que se encuentra pacíficamente en la calle, sin mayor intención que la de pasar un buen rato. Acaso el que lo hace siente una envidia tal que le lleva al odio y a la acción violenta. No sé.

Si es así, si simplemente los guía la envidia hecha rabia, la solución es muy difícil de conseguir, pero posible. Pero si es por motivos religiosos, no hay solución posible ya que en todas las religiones hay gentes integristas que tienden a la violencia en nombre de sus dioses.

Aquello de respeta y serás respetado ha debido quedar en el olvido, pues ni siquiera en nuestro ámbito de vivencia dejan de producirse escarceos de intolerancia por pequeños motivos. La educación comienza a brillar por su ausencia y la intolerancia se hace cada vez más fuerte en la sociedad. Nos queda mucho por aprender y me temo que muy poco tiempo para poder enseñarlo a las futuras generaciones.

Pekineando (final)

Lunes, 24 de Abril de 2017.

A las seis de la mañana un taxi nos recogió y nos llevó en treinta minutos a la terminal del Aeropuerto Internacional de Pekín. A la llegada, el trámite de aduanas fue largo y lento, Los funcionarios chinos, además, tienen un botón para que el viajero valore su trato. Te fotografían y lo mismo tu pasaporte, para que no quede duda de que estás controlado.

A la salida del país, vuelta a lo mismo pero además te pasan por el detector de metales y te abren la maleta y el bolso. Cuando acabe este día nos habrán registrado al menos cuatro veces en otros tantos controles.

Una vez en el interior de la zona de embarque, buscamos dónde tomar un café y encontramos un Starbuks. El vuelo se inició con un ligero retraso. Por la hora de salida, nos dieron un pequeño tentempié, la comida a las once y media (hora china) y la cena a las 18,30 (hora china).

Llegamos a París con veinte minutos de retraso y tras cruzar parte del aeropuerto apresuradamente, nos encontramos con la efectiva burocracia francesa. Viajeros de varios vuelos que tenían enlace, al igual que nosotros, se agolparon en una larga fila para ser atendidos por un solo policía de aduanas. Eran las 14,30 hora europea y nuestro vuelo de las 14,50 voló sin nosotros.

Ante el mostrador de Air France y tras media hora de intenso nerviosismo, conseguimos un vuelo a las 17,15 a Madrid y allí, cambiando de terminal, otro que nos dejó en Vigo a las 23,10 horas. Hacía veinticinco horas que estábamos a pie.

Así narrado, parece sencillo, pero no lo fue tanto. El personal de Air France no habla ni inglés ni español y para entendernos, gracias a un muchacho que hizo de traductor, nos costó bastante trabajo. Al final nos dieron un vale de 11 euros a cada uno para tomar algo, como compensación por las molestias.

Una vez en Madrid y ya en la T4 Adolfo Suárez, tuvimos que recorrer su inmensidad a la busca de alguien que nos diera razón de las maletas facturadas. No hubo manera de saber si habían conseguido embarcar en nuestro vuelo primero, o no. De modo que al llegar a Vigo tuvimos que reclamarlas y llegaron veinticuatro horas después.

De la T2 a la T4 en Madrid hay un autobús gratuito circular. Tarda más o menos 15 minutos en hacer el recorrido, pero una vez dentro de la terminal, hay que moverse andando y creerme que es agotador.

Ni siquiera el entrenamiento de los días de Pekín, entre 15 y 17 km diarios, te prepara para seguir unos indicadores que te llevan irremisiblemente entre las tiendas franquiciadas del aeropuerto, para ver si se te olvida algo o quieres hacer una compra de última hora.

 

Martes, 25 de Abril de 2017.

Hoy han llegado las maletas sanas y salvas. Ellas aún tienen el jet-lag. El viaje nos ha sentado muy bien y lo hemos disfrutado a placer. Quizás lo mejor de todo ha sido ver a los chicos felices e integrados y rodeados de buena compañía.

Recordando a Confucio, cuyo templo visitamos el domingo pasado, hasta el viaje más largo se empieza con un paso. Y aunque la frase es de Lao Tse, yo digo que si este paso se da pronto, el viaje puede resultar extraordinario.

 

Pekineando V

Sábado, 22 de Abril de 2017.

Hoy hemos visitado el llamado Templo del Cielo o Tian Tan, cuya traducción literal es Altar del Cielo. Es un templo integrado en un hermoso parque al que los pekineses acuden a pasear, hacer picnic o tai chi. Actualmente la Unesco lo ha catalogado como Patrimonio de la Humanidad.

Se entra por el norte y se visita el Templo de las Rogativas por las buenas cosechas. En el centro hay un altar circular que recuerda una pequeña plaza de toros en tres niveles. Ahí el Emperador hacía sus ofrendas.

Hay aún una columna de madera de unos diez a doce metros de altura y uno y medio de diámetro de la que se colgaban antorchas para señalar a los dioses la presencia del Emperador al hacer las ofrendas. El entorno de este templo, como digo, es un extenso jardín esmeradamente cuidado, en una de cuyas partes hay una rosaleda inmensa, con gran variedad de rosas.

Después hemos ido de compras a un mercado conocido como Mercado de la Perla. Allí hemos comprado todo aquello que queremos llevar como regalo para Vigo. Es un lugar extraordinario. Sus sótanos son un bazar tipo La Piedra, donde puedes comprar calzado, bolsos, carteras, ropa, todo de marca fabricado en Vietnam y por supuesto auténticamente falsificado.

Después hemos ido a un “huton” o casa china de usos comunes. Un largo pasillo, un grifo comunal, una lavadora común, una cocina común y cada familia o persona, una habitación. Su aspecto es temible pero la gente es amable y no se molestan porque pases por los pasillos comunes. Ellos siguen a lo suyo, haciendo su vida.

 

En este lugar , tras cada puerta hay un misterio, muchas viudas y alguna que otra sorpresa como por ejemplo, un vendedor de relojes auténticamente…

La cena de hoy y el resto de la noche forman parte de la nueva cultura china que nos quiso transmitir la guía china de Xian. Cenamos en un restaurante la especialidad de Pekín: pato laqueado, o pato pekinés. El sitio era un súper moderno local y mientras esperas mesa puedes degustar un aperitivo o un vino chino.

La cena fue estupenda y en muy buena compañía, que después nos llevó a tomar una copa en un piso 12 de un edificio de los alrededores, donde hay montado un bar semi clandestino con su música y una carta de cócteles impresionante.

Si creíamos haber visto todo, esto fue algo más: mientras decidíamos qué tomar, nos pusieron tres chupitos de licores diferentes, dos bol con cacahuetes pelados picantes y otros pedacitos de tarta de manzana, y agua; varias veces nos llenaron el vaso que nada más entrar nos pusieron a cada uno. Pekín es una caja de sorpresas y los chinos su confeti.

 

Domingo, 23 de Abril de 2017. 

Hoy vamos a cerrar nuestra estancia en Pekín visitando dos templos que están en el oeste de la ciudad. Primero, tras un viaje en autobús de unos veinte minutos, visitamos el Templo de los Lamas.

Antes que templo, fue un hermoso palacio con cinco estancias. Construcción típica china con diversos patios intermedios. En uno de los edificios hay una estatua de Buda que mide dieciocho metros de altura.

Recorrer el lugar y oler el incienso que queman los devotos, ver su manera de orar, arrodillándose y juntando las manos hasta tocar el suelo con la cabeza, transmite una sensación de armonía indescriptible.

Aunque pudiera retratar los sentimientos que me invaden creo que la foto siempre saldría velada por exceso de luz. Es algo extraordinario.

Hay en los patios molinos de oraciones que los devotos hacen girar siempre en sentido horario para favorecer la elevación de sus plegarias. Al salir de éste templo y tras caminar por un huton  algo más ancho, llegamos al Templo de Confucioy Academia Imperial.

 

Aquí los Emperadores leían textos de historia y filosofía ante un auditorio de nobles y también se celebraban los exámenes para ingresar en el cuerpo de funcionarios del Emperador. Hay un patio parecido a un aula y en uno de los laterales, dentro de un contenedor había cientos de rollos de bambú, con textos escritos.

Dichos rollos son libros con textos del Maestro Confucio y están para quienes quieran participar en los ritos que se celebran cada dos horas en el recinto, con una duración de 15 minutos aproximadamente.

Después hemos comido en un restaurante típico y hemos tenido que pedir número para hacerlo y esperar hasta ser avisados para entrar, casi una hora, pero ha merecido la pena. Más tarde hemos paseado por los huton que hay en la zona, viendo vivir a sus habitantes con ese modo de vida propio, tan extraño para nosotros.

Los chinos tienen raras costumbres, por ejemplo en casa tienen lavabo y ducha, pero no wáter pues dicen que no es bueno hacer las necesidades en casa. Por eso en todos los huton hay baños externos diferenciados por sexo.

Para despedir la última tarde, tras hacer las maletas, nos hemos ido a relajar a una cervecería moderna. Después de diez días nos enteramos de que este barrio es el del copeo y buen ambiente: Salitum – Soho.

Mañana madrugaremos para tomar el vuelo que nos devolverá a nuestra vida común, a casa.

 

Pekineando IV

NOTA: A los anteriores números se han añadido fotografías. Espero que faciliten la comprensión del relato del viaje. Muchas gracias.

 

Jueves, 20 de Abril de 2017.

Hoy hemos madrugado algo más. Un taxi nos ha traído a la estación de alta velocidad de Xian a las 7,40 de la mañana. Salida a Pekín a las 9,15. Encontrar un café en China es difícil y en una estación de tren, aún peor. Así que solo en un Mc Donald hemos podido tomar algo parecido al café.

China crece a lo alto. Todos los edificios rebasan los treinta pisos y hay miles de ellos en construcción a lo largo del camino. Xian es un ejemplo de desarrollo incontenible. Nuestro hotel en el centro antiguo tan solo tenía doce plantas.

Nos dijo Carlota (muy bueno su castellano) que se derriba todo lo viejo para nuevas construcciones. No conservan en Xian los famosos “huton”. Diría que quieren erradicarlos en aras de los nuevos intereses chinos. La verdad es que bajo su manto de tranquilidad y no violencia, hay un gran potencial que da miedo.

Este país es fascinante en todos los aspectos y también su gente. Llegamos a Pekín a las 13,50, puntualmente y tras otros 45 minutos de metro, volvimos a casa a cambiarnos de ropa.

Fuimos a pasear por un parque que hay cerca de casa y al poco entramos en un espectáculo de acrobacias típicas de aquí. Un conjunto de jóvenes gimnastas ejecutaron diversos ejercicios de elasticidad y destreza. Con diversos aparatos hicieron equilibrios, saltaron, patinaron e incluso, como colofón, ocho motoristas estuvieron rodando dentro de una esfera metálica.

La principal atracción para mí fueron unas chicas patinando y haciendo el tiovivo sobre una plataforma de dos metros de diámetro a uno del suelo. Alucinante por su belleza, destreza y fuerza.

En el parque donde estuvimos antes como es habitual en todos, había dos personas cantando y haciendo música con partituras y también una pequeña orquesta de personas mayores, tocando piezas locales se encontraba en otra parte del parque.

 

Viernes, 21 de Abril de 2017.

Hoy tocó madrugar algo menos, pero salimos de casa a las 8,30 camino del metro para visitar la famosa plaza de Tiananmen y la Ciudad Prohibida, el palacio de los emperadores chinos.

La plaza de Tiananmen es un espacio inmenso. Para acceder a ella, al salir del metro hay que pasar un control de bolsos y si hay sospecha de algo, te pasan un detector de metales por todo el cuerpo. Una vez que accedes a la zona, tienes que utilizar un paso inferior pues la circulación no se interrumpe con pasos de peatones.

En el lado norte de la plaza hay una puerta de acceso a la Ciudad Prohibida con una inmensa foto de Mao.

  

Alrededor de la plaza hay varios edificios: Museo Nacional de China y Gran Palacio del Pueblo. En el centro está el monumento a los héroes del pueblo y hacia el sur, el mausoleo de Mao Zhe Dong. Dicen que bajo la plaza hay una ciudad subterránea que se excavó cuando en los años 60 las relaciones con los rusos no eran muy buenas. Actualmente no se puede visitar porque está en malas condiciones.

Después de deambular por la plaza, nos metimos de nuevo en el subterráneo para volver a entrar en el corazón de China: La Ciudad prohibida. ES totalmente imposible estar solo en este país pues las excursiones que realizan los chinos son tan numerosas que lo llenan todo.

 

Una vez que penetramos en el recinto tuvimos que aguardar cola para sacar las entradas. Hay 35 taquillas a pleno rendimiento. Después localizamos un sitio en donde alquilaban guías audibles en español y nos adentramos en la ciudad por la puerta del Mediodía.

En cada alero del tejado hay una serie de figuras que hablan de la categoría del palacio. En este son once en cada uno, impares, asociadas con el agua para proteger la vivienda de los incendios pues casi todo es de madera.

Seguimos adelante hacia la puerta de la Suprema Armonía. Todos los nombres son muy especiales: Salón de la Armonía, Puerta de la Pureza Celestial, palacio de la Pureza Celestial, Salón de la Unión, Palacio de la Paz Terrenal, de la Paz Imperial, etc.

Caminar sobre esas losas milenarias desgastadas por miles de pasos debería darnos una sensación de plenitud, sin embargo, al haber tanta gente alrededor apenas si se puede sentir algo más que agobio.

No hemos visitado ninguno de los museos internos pues ya solo la visita en sí es agotadora, pero al salir por la puerta Norte o de la Bravura Divina, se accede a la llamada Colina Negra o del Carbón, en el Parque Jing Shan.

Es una colina artificial formada con la tierra procedente del foso que se excavó alrededor de la Ciudad Prohibida. Sobre ella hay un santuario de Buda y un estupendo mirador desde el que se contemplan todos los tejados de los palacios de la Ciudad Prohibida.

Curiosidades de la Ciudad Prohibida: En el Jardín Imperial hay un árbol  injertado, parte pino y parte ciprés que simboliza la convivencia y la felicidad. En el mismo jardín hay un mirador de rocalla, con fuentes como dragones y con muchos otros perfiles de animales que se adivinan en las rocas.

Allí subía el emperador con sus concubinas a ver las estrellas el séptimo día del séptimo mes del año chino (o el noveno, según otros autores).

A la entrada de uno de los palacios hay una estela de piedra tallada en una sola pieza que debe pesar mucho. La tallaron fuera de la ciudad y para traerla sin romper, lo hicieron en invierno y vertiendo agua en los caminos, que al congelarse permitía su arrastre hasta el sitio en que se encuentra.

La armonía numérica es la del ying y el yang. Los números impares son yang o sea elemento masculino y el número 9 se repite en todos los detalles arquitectónicos. Las puertas de la Ciudad, todas sin excepción, están decoradas con 81 tachones de latón e incluso el palacio tiene 9.999 estancias contadas.

Pekineando III

Martes, 18 de Abril de 2017.

Tren de Alta velocidad nº G 87 en dirección a Xian. Trayecto con dos paradas: Zheng Zhou Dong ( a unos 600 km de Pekín) y Xian a 1200 kms. Tiempo de viaje estimado 4 horas. Salida 14,00 y llegada real a las 19,10.

Nuestro viaje a Xian comienza en el metro de Pekín. Cuarenta y cinco largos minutos bajo tierra y tres transbordos después nos llevan a la estación de alta velocidad.

Para acceder a la estación hay que pasar dos filtros: primero el del billete. O lo tienes o no entras, pues se venden en las oficinas de turismo de la ciudad. Y después el chekin de equipaje, en fila de a uno y con scanner.

Y hecho esto se accede a una estación tan inconmensurable que apenas si se lo puede creer uno. En la sala de espera para nuestro tren (solo atendía dos vías) cabían sentadas al menos doscientas personas y de pie se triplicaba el número.

Faltando una hora, unos mozos comenzaron a ordenar en largas colas a los viajeros y al abrir el acceso volvimos a pasar por unos tornos vigilados por personal, para acceder al andén donde se encontraba nuestro tren.

Una vez en nuestro vagón y cuando el tren ya salía de Pekín, comenzamos a pasar revista a la situación. Las salas de los vagones para viajeros van con dos secciones de asientos; en un lado tres asientos y en otro dos. El personal de a bordo perfectamente uniformado, vigilante en todo momento, ofreciendo bebidas y comidas previo pago.

El personal secundario o de limpieza, pasaba una mopa para limpiar el pasillo y atendía la limpieza de los diversos servicios. De vez en cuando pasaban recogiendo lo que los viajeros desechaban ya que en los asientos no hay papeleras.

Los WC son de suelo, o sea que hay que acuclillarse para hacer las necesidades mayores, pero funcionan con el moderno método de vacío lo cual facilita mucho su limpieza. En el pasillo hay un lavabo con toallas, jabón y un dispensador de agua para rellenar botellas, pero caliente pues los chinos no la toman fría y además les sirve para preparar comidas (se ve mucho preparado tipo yaquisoba).

Los casi 1200 km que separan las dos ciudades los recorrimos en menos de 5 horas, teniendo en cuenta que hubo un pequeño retraso de 20 minutos. A la llegada nos recogieron y nos llevaron al hotel, pero casi no nos entendemos porque los jóvenes chinos no quieren hablar inglés y ese es el único idioma que chapurrea mi esposa.

La ciudad de Xian de noche es asombrosa. En los 45 minutos de taxi hasta el hotel pudimos ver la iluminación de todas las aristas de los edificios. Había algunos típicos muy bien iluminados que esperamos conocer mañana con nuestro guía.

 

Miércoles, 19 de Abril de 2017. 

Hoy a las 8,30 horas ya estábamos de camino hacia la tumba de los guerreros de terracota. Nuestra guía, Carlota, china de nacimiento y crianza pero con un buen castellano, nos llevó a conocer primero la muralla de Xian.

La ciudad fue la antigua capital de China y su contorno amurallado tiene 14 km de perímetro. La muralla ha sido conservada y en ella se celebran muchos eventos de la ciudad, incluso una media maratón popular.

El foso que circunda la muralla ha sido drenado y ahora recibe las aguas de un río, siendo navegable para pequeñas embarcaciones. El negocio es el negocio en este país.

Una vez vista la muralla salimos hacia las tumbas pero antes nos detuvimos en un horno de cocción de figuras de arcilla, donde se hacen moldes y se copian en todos los tamaños las figuras halladas en la tumba. Se cuecen en un horno entre 900 y 1100 grados para darles consistencia.

Allí nos enseñaron los moldes y la forma de realizarlas y vimos a unos niños haciendo prácticas con moldes. En este mismo sitio hay un taller de lacado impresionante. Los muebles de pino se recubren con un barniz especial ya  decorados y luego el dibujo se descubre artesanalmente a buril, quedando verdaderas maravillas. Un trabajo de chinos, vaya.

Y seguidamente salimos en dirección a la tumba del emperador Qin Shihuang que no queriendo dejar de ser emperador en la otra vida mandó hacer semejante monumento funerario. Visitamos las tres fosas abiertas hasta ahora, pasamos por el museo y comimos en el complejo turístico que tienen en el lugar ya que queda a unos 18 km de Xian.

En la primera fosa (nº 1) la más conocida, la formación de los guerreros escenifica según su posición, un cuadro perfectamente delimitado para vigilancia y defensa. En la fosa nº 3 se contemplan las figuras de lo que podía representar un puesto de mando, con sus vigilantes y oficiales.

En la fosa nº 2 apenas hay figuras recuperadas, solo cascotes pues están en plena recuperación. En las figuras recuperadas hay muchas descabezadas porque  quienes las encontraron, pensaban que si había algún tesoro estaba dentro de la oquedad de las cabezas.

Las figuras expuestas originales, el arquero, el general, etc. son tan perfectas que se puede ver incluso el entramado de los cordones del calzado. Son ligeramente mayores que la media china de la época porque el Emperador quiso un ejército poderoso y así lo mandó hacer.

Dicen que el arquero visto de perfil tiene la misma figura que el mapa de la provincia de Xian. Se conservan pocas armas pero hay una espada expuesta que aún después de tantos años su filo era capaz de cortar sin esfuerzo veinte hojas de papel,

La inmensidad del lugar nos puede dar una idea de los esfuerzos por construir la tumba y lo que costó. Calculan unas 750.000 personas trabajando durante 32 años. En el pedestal de cada figura está inscrito el nombre del artesano y se han contado cerca de 800.

Se ha conservado un libro que describe la tumba del emperador, que aún no se ha abierto porque sospechan que su estado es delicado y podrían estropearlo. Se habla en dicho libro de un río subterráneo de mercurio y esto hace que se prefiera esperar más tiempo para tener mejor tecnología y abrir con garantías.

Volvimos a Xian para visitar el barrio árabe y la mezquita. Loa árabes abrieron la Ruta de la Seda en el Siglo VIII de esta era y ayudaron a un emperador a sofocar una rebelión interna. El Emperador en agradecimiento les dejó instalarse, pero fuera de los muros de la ciudad y les dio terreno.

Les construyó una mezquita que en nada se parece a las de otros lugares. En China hay ocho mezquitas y unos 8 millones de mahometanos. Alrededor de la mezquita hay un zoco. La similitud con otros zocos no sería extraña salvo por las personas que los atienden. Son descendientes directos de árabes casados con chinas, aunque tras tantos años solo conservan su religión.

La mezquita es una construcción totalmente china, con diversos patios ajardinados y salas de oración y estudio separadas para hombres y mujeres.

Por la noche dimos un paseo para contemplar los edificios iluminados. Son hermosos los de las torres del tambor y de la campana, típicos en toda gran ciudad china. Tanto de día como de noche esta ciudad de nueve millones de habitantes presenta unos contrastes impresionantes. Y es que estamos en un país único en muchos aspectos.

Pekineando II

Sábado, 15 de abril de 2017. 

Hoy hemos visitado el Palacio de Verano, donde vivió el fin de sus días la concubina o emperatriz Cixí, impulsora de la modernización de China. Aunque el Palacio de Verano fue destruido casi en su totalidad durante la Segunda Guerra del Opio, ésta mujer consiguió volver a levantar una parte de él. Se la acusa de haber tomado dinero de las partidas dedicadas a la modernización de la Marina de Guerra, pero no se ha podido comprobar.

El viaje lo realizamos en metro bajo Pekín,  totalmente nuevo y rápido para desplazarse por la ciudad sin atascos. Tiene un sistema de puertas en los andenes que impide el paso o aproximación a las vías por los viajeros, de modo que hasta que no se estaciona el tren no se abren las puertas.,

Se paga por trayecto, aunque se puede adquirir una tarjeta recargable.

La entrada al Palacio cuesta 30 remimbis por persona y da derecho a pasear por sus senderos y a entrar en algunos de los templos y estancias que hay en su perímetro. El cerro donde está ubicado es totalmente artificial. Recordaros que la ciudad y sus alrededores es totalmente llana, sin cuesta alguna.

Se sube siguiendo unas escaleras hasta lo alto de la Colina de la Longevidad y se baja por la otra parte hasta el lago Kumming. Hay un paseo que circunda el lago y se puede atravesar éste en unas barcas típicas, sin quilla. En la orilla antes de embarcar es digno de ver la barca de mármol que se construyó para disfrute de los emperadores sin necesidad de cruzar el lago.

Atravesamos el lago hasta una isla y una vez visitadas las dependencias de ésta, cruzamos hacia tierra firme por el puente de los quince pilares. Después seguimos el sendero que bordea el lago hasta una zona de edificaciones que guardan diversas dependencias y salones. En uno de los patios hay un meteorito traído de algún lugar remoto por los emperadores para su contemplación.

Una vez terminada la visita, volvimos al metro para visitar los tres lagos de Pekín: Xihai, Houhai y Quanhai (hai significa agua) y paseamos a su alrededor siendo observados por los nativos ya que éramos los únicos occidentales europeos en esa zona y en ese momento.

Los alrededores del lago son un lugar de esparcimiento de estas gentes; allí van a pescar, a solazarse y a comer en los muchos sitios que hay alrededor. En todos los locales, al atardecer se escucha música en directo y se puede comer cientos de cosas, la mayoría raras para nosotros.

Por cierto, encontramos un sitio donde hacían churros y los servían en un cucurucho junto con helado de sabores. También tomamos una brocheta de carne sin identificar: pato o cordero, con un fuerte adobo pero sabrosa.

Después de rodear los lagos fuimos paseando hasta una plaza en la que hay dos torres contrapuestas: la de la Campana y la del Tambor. La de la campana sonaba cada cambio de estación, o cada cambio de mes mientras que la del tambor sonaba cada dos horas del día. Los chinos conservan en su tradición esta de modo que tienen una pequeña hora (60 minutos) y una gran hora (120 minutos) y aún hacen referencia a ello.

Cenamos en un local típico en un huton, Mr. Shi, en una habitación con las paredes pintadas de blanco pero totalmente llenas de firmas y mensajes de los visitantes. Casualmente en la parte más alta, rozando el techo, había un mensaje de alguien de Alcázar que rezaba “Cervantes nació en Alcázar” y el nombre de su autora.

Para volver a casa utilizamos un autobús que nos dejó al lado. Por cierto, los autobuses son importe exacto. No dan cambio y eso que llevan tres personas de servicio. Cada uno tiene una función: conductor, conduce, vigilante vigila y un tercero avisa de las paradas y de cuando se han de cerrar o abrir las puertas. Así hay pleno empleo en este país.

 

Domingo, 16 de Abril de 2017.

Hoy domingo por la mañana hemos visitado el famoso mercado de Pan Jia Yuan, donde encontramos arte chino, cerámica, antigüedades, abalorios, libros, etc. Es un espectáculo inimaginable, ordenado perfectamente por calles entre los puestos, como si fuera un huton, con un colorido impresionante.

Pero si ayer vimos regateo, hoy lo hemos vivido con una auténtica maestra. La técnica es sencilla, hay que partir la oferta por al menos la mitad de lo que piden y luego seguir el tira y afloja.

La mayor dificultad estriba en el idioma. Regatear con un chino es lo más complicado que se me ocurre, pero conociendo varias palabras y los números expresados con la mano, hay alguna posibilidad. La norma es que si sales dejando al chino enfadado, la compra ha sido buena.

Al final acabamos comprando dos pinturas para enmarcar, varios cuencos de loza, al menos dos cajas de cerámica y unas figuras típicas de éste país y todo ello por menos de cien euros.

 

Por la tarde, tras comer, visitamos el llamado Distrito del Arte. Este distrito es un lugar donde la exposición de arte es constante. Hay estatuas, montajes con objetos, exposiciones fijas e itinerantes, cafés, tiendas, etc. Todo ello está en un antiguo distrito industrial, del que han aprovechado baste bien su capacidad acoplando este tipo de instalaciones.

Podríamos estar viendo objetos de arte, haciendo fotos y pasando a tiendas sin repetir nada como mínimo una semana entera.

Tras un viaje en autobús de unos cuarenta minutos, regresamos a casa, a la primera cena hogareña que disfrutamos desde nuestra llegada a este país. Tortilla de patatas, jamón, ensalada y frutas exóticas del supermercado que compramos el otro día.

Lunes, 17 de abril de 2017

Hoy nos hemos levantado temprano y vamos a ir a visitar un trozo de la Gran Muralla. A unos 70 km. de aquí hay unas estribaciones de sierra por las que construyeron la Muralla.

Si lo analizas fríamente, la cantidad de medios que debieron emplear fue inconmensurable. Una construcción sólida que sigue fielmente el trazado de las montañas y que parece inexpugnable.

Para acceder a la muralla han construido un teleférico que te deja justo en la base y accedes por unas escaleras. Pero para llegar a ese teleférico hay que tomar un autobús también.

Las escaleras dentro de la muralla son muy irregulares. Sus pasos son demasiado cortos o muy altos, claro que para salvar los desniveles no podían ser de otro modo. Un dato curioso: había muchas mariposas en la zona de almenas de la muralla. Cada tramo está vigilado por una torre por cuyas ventanas se divisan paisajes agrestes y poblaciones en la lejanía.

Caminar sobre la muralla supone subir y bajar el perfil de las montañas y resulta agotador. Por eso tan solo recorrimos ocho torres (más o menos dos km.) para descender a la base tras casi dos horas.

Se puede bajar de la muralla en telesilla, en teleférico volviendo al origen y por un tobogán que han construido para este fin. Aunque no reúne todas las medidas de seguridad que un europeo le exigiría, bajamos por el tobogán sentados en una pieza plástica adaptable al trasero, con un freno para regular la velocidad. La experiencia es fantástica.

Después de comer (a las 12 de la mañana) fuimos a visitar las tumbas de los trece emperadores de la dinastía Ming, que se encuentran de vuelta hacia Pekín.

Visitamos el mausoleo de una de ellas y las criptas son muy altas. Bajo el suelo, a unos veinte metros de profundidad, las bóvedas son impresionantes, aunque solo conservan los vasos votivos y los tronos de mármol donde se han de sentar sus espíritus.

Después visitamos una senda dentro de un jardín franqueada por grandes estatuas y un hermoso parque arbolado de sauces, que tiene siete km de longitud, pero abiertos al público tan solo mil quinientos metros.

Más tarde, ya de regreso a Pekín tuvimos una experiencia china: una casa de masajes. Para quitarnos el cansancio de la jornada, nos dieron un masaje de pies y hombros, mientras nos tomábamos una cerveza, tumbados a medias en un cómodo sillón. La experiencia fue muy satisfactoria.

Esta misma noche, en la cena y por primera vez, tomamos pescado asado. Dijeron que era tilapia, de río, aunque a nosotros nos pareció algo insípìdo.

Pekineando I

 

Jueves, 13 de abril de 2017.

Con el cuerpo alterado por la diferencia horaria, tras cambiar de avión de menor a mayor, hoy estamos en China, concretamente en Beijing, Pekín para los amigos.

Ayer salimos de Vigo a las 16,25 h. en un pequeño avión. Llegamos a Madrid a las 17,25 h. y a las 19,45 h. embarcamos con destino a París en otro algo mayor..

En París tan solo teníamos 55 minutos de diferencia para tomar vuelo directo a Beijing; la terminal Charles Degaulle es inmensa, pero nos indicaron correctamente y todo se dio bien.

Ahora tras un largo viaje en taxi, con un chino al volante, estamos por fin en nuestro destino. Nuestro primer encuentro con este país se salda con un intento de timo por parte de un taxista. Nos pretendía cobrar 200 rmb sin poner el taxímetro. Después de tener los bultos en el coche, los apeamos y tomamos otro, oficial, que cobró 80 rmb.

La moneda oficial de este país es el yuan. Pero también se conoce como remimbi, de ahí la contracción rmb.

Para irnos ambientando, el vuelo lo hicimos totalmente rodeados de chinos. En un avión de casi 500 plazas, apenas si viajábamos veinte europeos y el pasaje. Todo un poema de idiomas, ronquidos y olores… Eso marcó la pauta de los días siguientes.

Aunque aquí no se celebra la Semana Santa, regresan a casa para ver a sus familiares, tras cerrar negocios o de vacaciones, aquellos que son estudiantes.

Miedo me da salir a la calle solos, porque aparte de castellano y algo de gallego (el latín lo tengo en tareas pendientes), no se decir ni una palabra de chino. Malo será.

 

Viernes, 14 de Abril de 2017.

Ayer tarde nos dimos un paseo por los alrededores del barrio. Era impensable que tan solo al cruzar la calle el ambiente fuera totalmente diferente. Primero paseamos por dentro de las zonas modernas, tiendas de lujo H&M, Louis Vuitón, Mercedes, etc. Un desfile a la luz del día se estaba preparando y mucha gente joven paseaba por la zona, algunos incluso en pijama. Parece que la moda no les preocupa mucho.

Después, cruzando la calle hay una zona muy humilde. Las viviendas parecen como las viejas de nuestro barrio, pero las gentes viven casi en la calle y de forma muy humilde y sencilla.

Incluso elaboran la comida para vender a otros sitios en plena calle. Conocimos como se hacen los dumpling, esos saquitos de masa, rellenos de carne o verdura o marisco y cocidos al baño de maría. Están buenísimos.

Después, festival de colores. Un supermercado de barrio, con todas las cosas normales envasadas al gusto de aquí y otro tipo de frutas, con forma de monje budista (era un pepino), diente de dragón (un tipo parecido al kiwi pero más grande) etc. Colores y sabores totalmente extraños para nosotros. El sitio se llamaba Jinquelong.

Al final cenamos en un típico restaurante chino: El farolillo Rojo. Lo hicimos con palillos. La destreza con éstos se consigue practicando. Si necesitas tenedor, te lo ponen, pero no es usual, de modo que fue una primera experiencia muy interesante. Cenamos muy bien.

Y hoy, viernes, casi superado el trastorno del viaje, hemos salido de casa y hemos recorrido unos veinte km. sin cansarnos demasiado pues esta ciudad es totalmente llana y no te das cuenta de cuánto caminas cuando vas tan embobado como nosotros.

En primer lugar hemos visitado un mercado al aire libre, con todos los elementos típicos de un mercadillo: puestos ambulantes de carne, pescado, frutas, etc. La carne y el pescado, al aire libre, cerca del suelo y sin ningún tipo de protección  higiénica, nos chocó un poco.

En medio de la calle, diversos artesanos realizan sus trabajos: reparan pinchazos, bicicletas, motos… otros cortan el pelo, otros venden fruta troceada en contenedores plásticos… Se realizan en la calle los menesteres más variopintos.

La circulación es impresionante. No tienen los chinos educación vial y circulan por todos los sitios posibles. Las bicicletas y las motos campan por sus respetos por las aceras, en sentido contrario y sin inmutarse. Los semáforos se respetan de aquella manera y si alguien hace una maniobra rara, como por ejemplo dar la vuelta haciendo calle estrecha en medio de una gran avenida lo dejan sin ningún problema.

Hemos visitado también The Place, un soho super moderno. En su techo tiene una pantalla de leds televisivos que emite imágenes en una superficie de 250 a 300 metros cuadrados, y desde su suelo se contempla “el pantalón”, un edificio donde se aloja la TV. China.

Más tarde hemos ido a Park View Green, un centro comercial autogestionado energéticamente. Su techo son paneles solares transparentes. Dentro hay expuestas muchas obras de arte, varias de Dalí y otras muchas de arte moderno, de escultores para nosotros desconocidos.

Desde la planta superior hay una vista impresionante y un jardín sobre la pared con plantas exóticas Hay unas figuras de dinosaurios, de dimensiones muy realistas.

La comida china es extraña para nosotros pero si tienes un buen guía, se come excelente. Aquí probamos los mejores dumpling de cerdo y cangrejo. Deliciosos.

Visitamos el llamado Mercado de la Seda. Es un edificio de cuatro plantas inmensas, lleno de tiendas donde comprar cualquier detalle, desde gafas de sol a recurdos sofisticados, pasando por electrónica de última generación.

Y allí asistimos al primer regateo para conseguir un buen precio por los objetos a adquirir. Regatear necesita de una técnica que muy pocos manejan con soltura y dependiendo de esa habilidad el precio puede ser mayor o menor a pagar. Nuestro regateador oficial lo hizo muy bien y compramos con las tres B.

Tras comer y tomar un café en una terraza, salimos caminando hasta el parque Ritan Park. Es un parque  público muy cuidado. La gente lo utiliza plenamente. No solo paseamos entre hermosos parterres llenos de tulipanes sino que además, disfrutamos viendo bailar a muchas parejas que llevan su propia música.

Es muy relajante ver bailar a la gente con la armonía que da la práctica. Se bailaban piezas clásicas y modernas sin ningún pudor al sentirse observados. ¡Quién lo diría de los chinos!. Se dejan fotografiar y se fotografían contigo a la menor ocasión.

Atardeciendo, pusimos rumbo al Shangri La, un edificio que es el más alto, hasta ahora, de la ciudad, en cuyo piso 80 hay una cafetería, Atmosfere, que tiene las mejores vistas de la ciudad y los precios más caros por copa, pero os aseguro que merece la pena.

Cuando regresamos a casa, tras cenar en un tailandés, caímos rendidos hasta el siguiente día. El clima nos acompaña y no hace frío ninguno. La media es de 26º C.